| RUTA PARA UN SUEÑO: 1er RAID INTEROCEANICO PERU-BRASIL
(Por Giovanni Lamarca.)
Lima 6:00 am.
Hacía frío en la Javier Prado. La partida a la primera expedición Interoceánica había congregado a poco menos de cien personas en el local de AltaRuta 4x4. El desafío; cruzar costa, sierra y selva hasta el Brasil en una caravana de camionetas todo terreno. Oportunidad para llevar donativos, conocer la geografía nacional y templar el carácter para traer de vuelta una historia qué contar. Aquella mañana, partimos a Marcona.
Lima -Marcona /// 600 kms
Es impresionante lo mucho que ha crecido Lima. Al menos, camino al sur. Quizá ese haya sido el comentario en diferido de las otras camionetas y de los muchos otros viajeros que, dentro o fuera de la expedición, contemplan por un momento esa parte de la ciudad que muchos planos no reconocen. De pronto, el asfalto negro y el cielo gris eran lo único de un color distinto a la arena…. Excepto en Chincha, donde la gente salía a saludarnos desde las puertas de sus casas, los más pequeños corrían por la vereda imitando nuestro compás y hasta se podía imaginar la música negra con todo su sabor brotando del suelo.
En Marcona, la población se apostó en la berma de la carretera que ingresa al puerto. Las banderas peruanas y el mar de fondo eran como ese airecito fresco que a veces sopla en un día de calor. Allí fue la primera ceremonia (con tabladillo y todo) y las primeras declaraciones de Tomás Hiraoka, presidente de Altaruta 4x4.
Sospecho que nadie en la expedición había hablado antes en una plaza y si bien entre nosotros no viajaba ningún político, la gente nos trataba como héroes.
Aquella noche la pasamos en un hotel de Nazca.
Nazca – Cusco /// 655 Kms.
Salimos muy temprano al Cuzco (lo que implicaba pasar por Pampa Galeras). Pampa Galeras es una reserva natural de vicuñas y por primera vez, para mí, significó verlas en su verdadera dimensión, lejos de lo que significa en un escudo o en un zoológico. Se puede hablar mucho de Pampa Galeras o de las vicuñas, pero por ahora alcanza decir que son esos “descansos” que permite el camino al viajero. Aunque en su momento no nos dimos cuenta, Pampa Galeras es la puerta de entrada a la sierra y, a la vez, la advertencia al soroche.
La llegada a Puquio estuvo marcada por un recibimiento singular: Habían preparado, en plena plaza, una ceremonia que incluía la danza de las tijeras. Más tarde descubrimos (o nos descubrimos) en una foto de primera plana en el diario El Peruano.
Es verdad que lamentábamos no poder quedarnos mucho tiempo en las ceremonias de recepción ofrecida por los lugareños, pero también es cierto que para los pilotos les es muy distinto manejar de día que de noche. Y la seguridad era tema prioritario.
Con todo, de aquel tramo es muy significativo el ingreso al Cusco. Porque fue de noche y porque las luces de la ciudad nos dejaban imaginarla a la distancia y contemplarla más de cerca; en su “ombligo”.
A la mañana siguiente, día de descanso, nos encontramos con la ciudad. Entonces sucedió: una vicuña de plata puesta en un escaparate llamó mi atención. Estoy seguro que se parecían mucho a los recuerdos que se venden en Lima de no ser por un detalle: nosotros ya sabíamos cómo era verlas en libertad.
Cusco - Quincemil /// 288 Kms.
Matemáticas. Si un auto va a 100 kms/hora en carretera; ¿cuánto tardaría en recorrer 300 kms? Respuesta lógica: 3 horas. Nosotros recorrimos poco menos de 300 kilómetros en poco más de diez.
El asfalto llega hasta Urcos, a unos 50 kms de la ciudad imperial. Desde entonces, los problemas. O la esperanza. O el verdadero sentido de la Interoceánica. O la diferencia entre intentarlo y hacerlo.
El cielo en la sierra es intenso. El azul hace contraste con las nubes y la gente es cobriza porque trabaja al sol. Es noble, porque poblaciones pobres salían a nuestro encuentro a regalarnos ánimo. Incluso un chullo de muchos colores. A ellos les llevamos nuestros donativos pero sospecho que no serán suficientes. Pienso que si queremos ayudar, hay que ir para quedarse.
El camino de tierra y montaña se va haciendo de pronto verde. La foresta va naciendo en la medida que vamos perdiendo altura. Es como ver una montaña típica a la que le crece pasto, arbusto, árboles y hasta fauna. Por eso no existe el silencio y uno entiende que por más que se aparte para ir al baño, nunca se está solo.
En Quincemil hubo un recibimiento de la población con bailes y canciones. Había que estar presente por gratitud, aún a altas horas de la noche y con el cansancio que implica haber andado tanto tiempo. Nos cedieron el colegio –el único que había- y fue la primera vez que nos pedían autógrafos.
Intentamos una parrillada y nos descubrimos, más que mamíferos, carnívoros. Allí acampamos como pudimos y dormimos, algunos, usando la misma ropa como almohada. Nota del autor: no se fíen del piso de las carpas o de las bolsas de dormir: las piedritas del asfalto igual duelen.
Quincemil – Puerto Maldonado /// 252 Kms
Barro. Quizá haya tantos tipos de barro, como mezclas de tierra y agua hay en el planeta. Y es que no toda la tierra es igual. Este barro era rojo y tenía la consistencia de una extraña plastilina que al pisarla, succionaba según la presión. Y a mayor peso, mayor presión sobre el suelo. Y si costaba sacar un pie, imaginen una 4x4. O un camión.
Fue la parte más emocionante, por el barro de la ceja de selva, las zanjas y algunos precipicios. El 1er problema: una gran cola de camiones esperando poder pasar, a causa de un camión atascado en el barro de la ruta. Luego de algunas negociaciones infructuosas tuvimos que pasar al caballazo por los lados con mucho cuidado de no caer en el precipicio. El barro rojo se venía, las grandes zanjas y las horas de manejo jugaban en contra de los expedicionarios y se avanzaba rescatando al que iba detrás. Fue un tramo arduo y apasionante… Eslingas y grilletes empezaron a trabajar, las llantas mostraban toda su calidad, mientras los patines (escudos protectores colocados en la parte inferior del motor) pagaban con creces las inversiones iniciales hechas por los expedicionarios, requisitos indispensables para la participación en el Raid….
La llegada a Puerto Maldonado fue espectacular. Algarabía de los pobladores, fanfarria, bandas musicales y mesa de control en la plaza anunciando la llegada de los bravos pilotos, autógrafos por doquier, entrevistas sin fin, homenajes mil”.
El día siguiente, día libre, sirvió de descanso y relax para todos los participantes. Había que prepararse para el tramo final. Puerto Maldonado - Iñapari /// 226 Kms
Los mapas carreteros aluden a tres términos: Asfaltado, afirmado, sin afirmar. Afirmado bien puede traducirse como “asfaltado con tierra”. Es un tramo largo y plano, rodeado siempre de foresta. La nube de polvo sólo se calma parando o con la lluvia. Y es una lluvia que en poco menos de un minuto se convierte en aguacero y sólo para si le da la gana al cielo. Es la selva y su ley.
En ocasiones hay pendientes no tan pronunciadas; caminos en bajada que terminan en un inocente puentecito de madera de poco más de tres metros que se usan para salvar pequeños riachuelos. No se puede andar rápido, no vaya a ocurrir que tras el puente, un forado, una curva o una tabla mal puesta. Aún en la bonanza de la selva y su ruta relativamente más descansada, la alerta se mantuvo en los pilotos por un tema de seguridad.
Nos dijeron que los castaños –unos árboles enormes y coposos- no eran sembrados por nadie y que tardaban cien años en dar fruto. Que su tala estaba prohibida. Que la gente de la selva es buena. Que les gustaría la carretera. Que ha llegado una minera. Que está talando el bosque. Y que tienen miedo que todo quede plano como un parque… como cuando uno llega al Brasil, donde el bosque ha cedido al pasto y al ganado.
Iñapari es una ciudad al borde del Perú. El supermercado está en Asís, ya en el Brasil. La frontera está muy cerca hasta el punto que hay gente que llega andando. Es impresionante la cantidad de productos brasileños que se venden en Iñapari y quizá Iñapari signifique algo en una lengua olvidada del Brasil.
El presidente Toledo, el Ministro Ortiz y la prensa de Lima llegaron a Iñapari. Fueron ellos mismos quienes, días atrás, nos vieron partir en la largada simbólica que se hizo en Palacio de Gobierno.
Fuimos recibidos como héroes; como ya era costumbre, los escolares miraban el interior de las camionetas como si se tratara de naves espaciales, luego los autógrafos, los discursos de las autoridades; incluso el gobierno de Brasilea nos invitó a visitar su ciudad, gestionando los trámites y nuevamente el recibimiento con Caporeia y comida del lugar. Nota: La electricidad es de 110 v y es bueno llevar adaptador de tomacorriente.
El regreso
La ruta por la Interoceánica regresa desde Iñapari, en la frontera con el Brasil, hasta Mazuco (población ubicada en el trayecto entre Cusco y Puerto Maldonado.
Mazuco es especial porque desde allí uno puede decidir si continúa el viaje hacia Cusco – Marcona o si opta por la ruta sur; vale decir, Arequipa – Matarani o Puno – Ilo.
Es por esta zona donde la expedición se separa y se vuelve a encontrar en Ilo, lugar donde se lleva a cabo la apertura de sobres de parte del Presidente Toledo dando inicio a la concesión de la carretera.
Del regreso algunas anécdotas; algunas alegres y otras no tanto: Entristeció que la expedición no pudiera llegar a Puno pues, paradoja, los pobladores tomaron la carretera por una protesta. Asombró ver cerca de Juliaca charcos de agua congelada –tipo raspadilla- en medio de una planicie donde las mujeres transitaban por la vía en bicicleta.
Y uno descubre que de la tierra nace ichu, que es alimento de las alpacas, que alimentan a los hombres, que aún viven en casas que parecen de tierra y conservan en sus techos tejados de ichu.
La expedición se desvió hacia Arequipa, donde el asfalto vuelve a ser parte de la ruta.
En el tramo final, el presidente Alejandro Toledo nos acompañó, conduciendo desde Ilo hasta Matarani, donde hubo una última reunión y despedida; aunque una parte del grupo se había quedado en Ilo; algunos con pretensiones de visitar Arica; otros Arequipa, otros enrumbar directo a Lima, alguien al aeropuerto y quizá, sólo quizá, alguno que haya decidido volver a ver el mar. |
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